Las emociones crean resultados
¿Para qué hablar de las emociones en el mundo laboral?
Si quieres mejorar resultados, tenemos que hablar de emociones.
Durante mucho tiempo se esperó que dejemos las emociones en la puerta fuera de la oficina. Como si fuera posible entrar a trabajar y apagar una parte de nosotros mismos. La verdad es que las emociones no piden permiso para entrar, y cuando las ignoramos, no desaparecen. Se acumulan.
Lo que no se nombra, se manifiesta y muchas veces no de la mejor manera.
Una persona que llega cansada, triste o con miedo y no tiene espacio para reconocerlo, igual lo expresa. Solo que de otra forma: con impaciencia, con silencios, con gestos inapropiados para el lugar, con un mail más cortante de lo necesario, con la energía baja en una reunión que necesitaba ideas nuevas.
Hablar de las emociones en el trabajo no es para "psicologizar" todo. Es poner el foco en darle nombre a lo que ya está pasando, para que deje de manejarnos desde la impulsividad y dejar de perder tiempo en conversaciones de mala calidad.
Hablar de habilidades blandas, sin primero hablar de habilidades emocionales es el primer error que cometemos como líderes.
Prestar atención a cada persona es el primer gesto de cuidado, tanto en lo singular como en lo colectivo.
Si queremos buen rendimiento, tenemos que ver y conocer el comportamiento humano desde lo integral.
Acá aparece algo clave y esencial: la atención real y de calidad. No caer en la dispersión de saltar de una pantalla a otra, conocer nuestras emociones y las de quienes nos rodean. Sin esto como base es complejo lograr una sinergia productiva. Donde
esta nuestra atención, esta nuestra energía, arrancando por la nuestra como líderes, ¿En qué emoción llegué hoy a la oficina? ¿Desde qué emoción me estoy comunicando?
Las emociones se contagian, una emoción aleja o expande.
¿Cómo líder qué espacio estoy creando?
Lograr buenos resultados sin hablar de relaciones humanas de calidad, y sin tener en cuenta la calidad de comunicación emocional es como pretender limones de un naranjo. No cuidar la siembra, y esperar cosechas ambiciosas, es bastante ridículo. Por eso sugiero tener bien en cuenta cómo vamos a gestionar y dar seguimiento en métricas reales al bienestar emocional de nuestras habilidades blandas. De allí donde me parece primordial comenzar por inteligencia sensorial y emocional en el mundo laboral.
Necesitamos abordar estos dos tipos de inteligencia de manera conjunta:
La inteligencia sensorial, registra lo que pasa en el cuerpo antes de que la mente lo transforme en pensamiento: saber leer y sentir comunicación no verbal. Desde una mueca de enojo, la tensión en los hombros, escuchar una respiración corta.
En cuanto a la inteligencia emocional, toma esa información del cuerpo y le pone nombre: esto es enojo, esto es ansiedad, esto es frustración, esto es entusiasmo.
Una sin la otra queda incompleta.
Un líder que lleva a que el equipo pueda hablar de esto, sostiene mejor lo difícil y tiene mayores probabilidades de lograr éxito en el comportamiento colectivo.
De eso se trata una buena sinergia, compartir buena energía para obtener un logro deseado.
Cuando en un equipo se habilita hablar de cómo estamos, no de forma invasiva sino genuina, pasan cosas simples y profundas: los conflictos se resuelven antes de escalar, pedir ayuda deja de sentirse como debilidad, y el cansancio se atiende antes de convertirse en desgaste.
No se trata de convertir el trabajo en una terapia grupal. Se trata de recordar que detrás de cada tarea, de cada objetivo, de cada reunión, hay personas. Y las personas sienten. Y un sentir que no se gestiona es pérdida de tiempo y lastima a todo el sistema.
El liderazgo requiere de gestión emocional para sostener la fuerza colectiva.
Espero que estas palabras te sumen, y te quiero compartir algo que me hace bien
La próxima vez que empieces tu jornada, antes de abrir el mail, proba preguntarte: ¿cómo estoy hoy, de verdad? No para resolverlo ahí mismo. Te lo comparto para que te cuides. El primer paso hacia un bienestar laboral más humano: empieza por escucharnos a nosotros mismos. Contas conmigo.
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